domingo, 8 de mayo de 2011

ORDENES RELIGIOSAS EN EL PARAGUAY


Seis órdenes religiosas tenían asiento en el Paraguay: franciscanos, mercedarios, dominicos, jesuitas, salesianos y jerónimos.

Llegaron de Europa con el fin de reducir y evangelizar a los nativos de estas tierras. Mucho trabajaron,  como muestra de ello aún pueden verse edificios, hoy convertidos en ruinas.

En la actualidad, pueden observarse las instituciones educativas, religiosas y de ayuda que operan y siguen dando  un apoyo importantísimo a la educación y evangelización en el Paraguay
                             
 FRANCISCANOS

La Orden de San Francisco de Asís, aprobada en el año 1212 por el Papa Inocencio III, revolucionó el mundo con su pobreza y sencillez evangélicas.

Su presencia en América fue la más numerosa y una de las más eficaces en la evangelización de las nuevas tierras descubiertas por los europeos. Los franciscanos llegaron al Paraguay en la segunda mitad del Siglo XVI.

Uno de los grandes misioneros de esa orden fue el padre Alonso de San Buenaventura que es el verdadero apóstol del Paraguay. Compañero de Fray Luis de Bolaños, trajo a esta parte de América hasta 66 misioneros; entre ellos: los padres Martín Ignacio de Loyola, sobrino del fundador de los jesuitas, y Luis de Bolaños.

El franciscano Luís de Bolaños se destacó por crear la “reducciones”, que tan famoso habrían de hacer después a los jesuitas. Concibió la idea de “reducir” a los nómadas pobladores de la región en comunidades fijas y estables. Así fundaron una extensa red de pueblos. No utilizaron violencia sino persuasión. Con humildad, aprendiendo el idioma y comiendo los mismos frutos y la misma caza que los guaraníes, se ganaron su confianza.

En las reducciones se producía algodón, tabaco, yerba mate y otros rubros. El adoctrinamiento en Guaraní fue posible a partir de los estudios Lingüísticos de Bolaños la reducción a escritura de la lengua Guaraní, y traducción de oraciones y del catecismo aprobado por el Concilio de Lima en 1583.

Los Franciscanos y el patrimonio cultural religioso del Paraguay.
Los primeros misioneros franciscanos no sólo evangelizaron a la población nativa, sino dieron a la identidad paraguaya un perfil propio, en una suerte de mestizaje cultural, como convergencia de lo hispánico con lo indígena.

La gran influencia de los franciscanos si hizo sentir en 1603, cuando fue convidado el Primer Sínodo de Obispos del Río de la Plata, en Asunción, por Fray Martín Ignacio de Loyola.

Allí fue aprobado el “Catecismo Breve”, la traducción al Guaraní del Catecismo de Lima (1583) hecha Bolaños, y se ordenó su uso para la enseñanza de la doctrina cristiana. Con su sistema de Reducciones abiertas, en comunicación con las organizaciones dependientes de la Corona Española, el trabajo de los franciscanos tuvo un excepcional resultado. Muchos de los pueblos originalmente Franciscanos conservan hoy no sólo aquella esencia colonial en la que el cántaro de agua fresca en el portón de la casa es una de las tradicionales más propias, sino también en la afición a imágenes talladas que son obras de arte de excepcional valor y belleza.

Hoy esas imágenes son componentes del patrimonio cultural religioso del Paraguay, en el estilo llamado Barroco Hispano-Guaraní. Los magníficos retablos de Yaguarón, Atyra, Tobatí y Piribebuy, que datan casi todos del siglo XVIII, las tallas de imágenes sacras y los exquisitos púlpitos que se encuentran en Capiatá,Valenzuela, Altos y otras localidades, son los elementos visuales de incomparable valor que testimonian la presencia franciscana en el Paraguay.

Poco se sabe de los artistas que trabajaron en la creación de tan preciosas obras, sólo conoce el nombre de Souza Cavadas, un portugués que realizó las magníficas tallas que están en las iglesias de Yaguarón, Capiatá y Santísima Trinidad (Asunción).

Los franciscanos entendieron también que el clima exigía construcciones simples y prácticas, adoptado en su arquitectura un sistema de corredores laterales, como espacio de transición entre el interior y el exterior, y como refugio de las lluvias y del ardiente sol. Ese estilo está presente en el templo de Yaguarón, un sencillo edifico en el que el exterior de maravillosas imágenes austero contrasta con profusión de dorados. Muchos de los pueblos del Paraguay todavía mantiene el plano urbanístico de las reducciones franciscanas con la iglesia aislada en la plaza y las tiras de casa., con corredores externos e internos, en torno de ella

                                    
     DOMINICOS

Hacia el año 1621 llegan a Asunción tres frailes dominicos y fundan el convento  de Santa Catalina Virgen y Mártir. Comienzan a atender únicamente a la población española, porque los pocos nativos que existen son atendidos por los Padres jesuitas y franciscanos. Los dominicos han llegado con el obispo Fray Tomás de la Torre. Les ceden el templo de la Asunción, y comienzan sus actividades apostólicas.

Inauguran, como es costumbre en la Orden, un pequeño colegio, donde se enseñan las primeras letras. Este Colegio de Santo Domingo, andando el tiempo, tendrá una importancia grande en el Paraguay.

En el año 1682 el convento de Santo Domingo contaba con catorce padres. Pronto tienen abundancia de vocaciones, principalmente de los llamados "Mancebos de la tierra", es decir, muchachos criollos. Se establece el Estudio General y noviciado propio. Comienzan a otorgar títulos universitarios.

En 1653 se hacen cargo de la zona misional de Tabapy. Pusieron una capillita y una Virgen del Rosario, "es pequeñita y se cree ser tan antigua como los dominicos".

El año 1814 hay un intento de separación de la Provincia de Argentina. Se realizan los trámites legales. Pero, unos diez años después, viene la llamada exclaustración, orden dada por el dictador Francia. Los religiosos abandonan todos los conventos, casas e iglesias.

Pasa más de un siglo hasta que, en 1966, el P. Alvaro Mas llega a la ciudad de Asunción para fijar su residencia y dar inicio a la restauración de la Orden de Predicadores.
Se les concede a los Padres dominicos la iglesia de Santa Cruz, la Orden la acepta. Dirigen, además, la Escuela Politécnica "Cirilo Duarte"; labor intensa en la promoción de los trabajadores, liturgia, pastoral popular, pastoral universitaria y juvenil. Colaboran con la Universidad Católica, en la cátedra de Teología.

Han abierto una Casa de Formación para estudiantes dominicos: "Casa de Santo Domingo". Han aceptado la parroquia de Roque González, en zona rural, en el mismo sitio donde estuvo ubicada la misión de Tabapy.

Convento de los Dominicos 
La orden de Predicadores, más conocida como dominicos por su fundador Santo Domingo de Guzmán, fue la última en fundar convento en el Paraguay colonial. Recién en 1621 y en compañía del obispo dominico fray Tomás de Torres llegaron "algunos religiosos, entre ellos el principal fray Lorenso (Durán) por expresa solicitud de la Asunción"Se les entregaron como convento la iglesia de La Encarnación y algunas oficinas donde alojarse los tres primeros religiosos que formaron la incipiente comunidad: el obispo Torrres, Fray Lorenzo Durán, prior del convento, y fray Esteban Martínez, primer dominico paraguayo, nieto del conquistador Andrés Benítez.

Como después de unos años se hizo urgente la reparación del convento, los religiosos se trasladaron al solar que fuera la Casa de Recogidas y Huérfanas, y fue allí donde recibió el título oficial de Convento de Santa Catalina Virgen y Mártir, en 1727.

También ocuparon por un tiempo la ermita de Santa Lucía cuando en 1742 fue demolido el convento; esta ermita estaba ubicada probablemente en las cercanías de las actuales calles 15 de Agosto y Oliva.

Documentos del siglo XVIII hablan de esta última como "la calle antigua nombrada de Santa Lucía".

Al año siguiente volvieron a La Encarnación y a fines del siglo XVII reedificaron el convento en el lugar donde se levantó el estadio Comuneros, espacio que hoy quedó convertido en una plaza.
En ese convento e iglesia subsistieron los religiosos hasta 1824, año en que fue extinguida la comunidad al igual que las demás existenten en el Paraguay.

La Encarnación  continuó siendo parroquia a cargo del clero secular hasta que un incendio arruinó el retablo mayor y parte del edificio en 1889. A partir del siglo XX quedó inaugurada la actual iglesia de la Encarnación, ubicada en la calle Luis Alberto de Herrera entre 14 de Mayo y Alberdi.

Los dominicos regresaron al Paraguay en 1966, siendo el padre Alvaro Más OP el primero en establecerse, luego de más de un siglo de ausencia.


                                       
JESUITAS


¿ Quiénes son?

Son una orden religiosa fundada por San Ignacio de Loyola en 1540, para llevar adelante la misión de Jesús y su Iglesia en el mundo.

En Paraguay son alrededor de 70 jesuitas que sirven actualmente a la gente en diferentes sitios del país. Los conocen por su historia, ligada íntimamente a la del Paraguay; por el jesuita San Roque González de Santa Cruz, primero y único santo paraguayo; y por su incansable labor a favor de los más empobrecidos y de la educación.

¿Donde estan?

Trabajan en diferentes sitios de todo el Paraguay: En los bañados de Asunción, en San Pedro, en Paraguarí, Ciudad del Este, Santa María y San Ignacio (Misiones) y en Encarnación.

Misión

Se empeñan en la formación de personas aportando la riqueza de la espiritualidad ignaciana, pretendiendo incidir en la sociedad desde el Evangelio. Su compromiso es con quienes necesitan, lo realizan como servidores de la misión de Cristo.

Reducciones jesuíticas del Paraguay

Durante un siglo y medio desde 1609 hasta 1776 fueron parte de la historia colonial. El Colegio de la Compañía de Jesús en Asunción, por una parte, y las Reducciones jesuíticas con los indios guaraníes, por otra, marcaron profundamente los comienzos de la futura nación paraguaya.

Las Reducciones Jesuíticas del Paraguay fueron una de las experiencias más exitosas durante más de 170 años.

Los inicios

Por el P. Dr. Miguel Petty, S.J.

En 1549, nueve años después de la fundación de la Compañía de Jesús, San

Ignacio de Loyola envió a Manuel de Nóbrega (fundador de Salvador,  Bahía) y José de Anchieta (fundador de San Pablo)  y sus compañeros al Brasil. Se cuenta que éstos se adentraban en las junglas para evangelizar a los indígenas. En 1567 los jesuitas españoles fueron destinados al Perú y en 1587 algunos llegaron al Paraguay y trabajaron con los indios. Pero por falta de apoyo el Provincial jesuita del Perú decidió abandonar la misión experimental del Paraguay.

Afortunadamente el obispo franciscano de Asunción pidió ayuda al General de los Jesuitas, el P. Claudio Acquaviva y en 1607,  este nombró al P. Diego de Torres Provincial de la nueva Provincia Jesuítica del Paraguay, que incluía los territorios actuales de Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y partes del Brasil. Un territorio de 490 mil kilómetros cuadrados, aproximadamente del tamaño de Europa occidental.

Ya antes, en 1537, los Franciscanos habían comenzado a organizar a los indios en asentamientos. El franciscano Fray Luís Bolaños había redactado la primera gramática y un libro de oraciones en la lengua guaraní. Pero sus asentamientos tuvieron poco éxito porque llegaron a ser tierra fértil para la cosecha de esclavos, a pesar de que Paulo III hubiera formulado una enérgica condena de la esclavitud y los reyes de España habían promulgado leyes humanitarias en su defensa. Finalmente, con la ayuda del Gobernador de Paraguay, Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias, y de las famosas ordenanzas del juez Francisco de Alfaro (1609), se habían calmado las revueltas de los indios y aquellos no encomendados fueron exentos de pagar impuestos a la corona.

Así comenzó la titánica obra que llegó a incluir los famosos 30 pueblos, que según el P. Bartolomeu Melia, fueron una Utopía, “un proyecto anti colonial en la colonia”, en donde un puñado unos 50 o 60 sacerdotes administraban y orientaban a más de 140.000 indios, durante unos 170 años.

En primer lugar se debe tener presente que la gesta fue realizada por los Jesuitas. Estos hombres eran venidos de distintos países de Europa, su entrega al trabajo era total y su  misión era claramente la defensa del indio vilmente explotado por los colonizadores. El proyecto había captado la imaginación de los jesuitas. Se ofrecieron más de 10.000 de los cuales solo fueron elegidos 1.050. Entre ellos no había fisuras, lo que uno comenzaba era continuado por su sucesor, la tarea de uno era complementada por la tarea de otro. Cada uno ocupaba su puesto en una sólida estructura jerárquica.

Los Jesuitas fueron los autores de estas famosas Reducciones del Paraguay. Es decir, además de los que trabajaban en el campo había también una estructura organizativa (la Curia de los Jesuitas en Roma, la Universidad en Córdoba, etc.) que mantenía un flujo de personal altamente capacitado durante todo el período. No eran personas aisladas, sin relacionamiento el uno con el otro, cada uno procurando solucionar los pequeños problemas de sus comunidades. Los que trabajaban en el campo eran los soldados rasos de una organización mundial que iluminaba sus trabajos con principios claros, los priorizaban, aseguraban la continuidad y trabajaban para defenderlos. Este continuo flujo de hombres con el mismo espíritu, también se fue consolidando con personas capacitadas proviniendo en América, concretamente en la Universidades de Córdoba y del Alto Perú.




Visión

Los jesuitas tenían una idea muy clara de la dignidad del indio. Su humanidad y el hecho de ser personas queridas por Dios los llevaba a una actitud de respeto que ni siquiera se desdibujaba por la violencia de los castigos corporales propios de la época. El indio era tan persona como cada uno de ellos y no podía ser reducido a la esclavitud ni vendido en los mercados.  Esta visión del hombre fue fundamental para los Jesuitas. Veían a todo el hombre, en todas sus dimensiones, desde su necesidad de relación con la trascendencia hasta la más pequeña relación familiar. Esta visión surge de sus famosos Ejercicios Espirituales donde en la Contemplación de la Encarnación  contemplaban como Dios ve a toda la humanidad, “algunos riendo, otros llorando, algunos naciendo otros muriendo, algunos blancos, otros negros…” y decide hacerse hombre para salvarlos. Veían a todo hombre como objeto del amor divino, siendo esta su máxima dignidad.

Por ello los Jesuitas protegían a los indios, porque eran perseguidos y esclavizados. Ellos fundaron las reducciones, ya que de lo contrario en el aislamiento en la selva, estos eran fácil presa de los colonizadores. Es más, los Jesuitas estudiaban sus costumbres y sus lenguas, convivían con ellos y les hablaban en sus propios idiomas. Un dato muy significativo fue el descubrimiento de la importancia que para ellos tenía la música.

Encontraron que sobre todo los indios Chiquitanos, en lo que hoy es Bolivia, tenían una increíble facilidad para la música. Un jesuita músico italiano Domingo Zipoli compuso la famosa “Música barroca Chiquitana” que se canta allí hasta hoy en día. Pero también elaboraban los primeros diccionarios y redactaban catecismos en guaraní. De esta manera lograban que el indio se sintiera realmente acompañado en sus expresiones culturales más intimas y por consiguiente diera lo mejor de sí mismo.

Evangelización y Promoción

Su visión integral de la realidad les facilitaba la realización de la síntesis entre evangelización y promoción humana. Había que atender a todas las necesidades de todo el hombre, lo cual incluye su dimensión trascendente, su vida religiosa junto con sus necesidades materiales. La novedad de este modo de evangelización fue total. Otras misiones se habían limitado a dimensiones estrictamente religiosas como fomentar la vida sacramental y la formación moral. Pero no se trataba de imponer una religión, los Jesuitas eran muy respetuosos de las tradiciones y costumbres, llegando hasta tolerar la poligamia sobre todo entre los jefes con la idea de reducirla con el tiempo.

El hecho de que los Jesuitas se ocupaban de la promoción humana es muy conocido por todos: no sólo cultivaban la tierra, sino que organizaban la comercialización y exportación con la colaboración de los Padres Procuradores en las ciudades y se realizaban estudios sobre las distintas propiedades de las plantas. A ellos se atribuye la introducción de la forma de tomar yerba mate con una bombilla y un calabacín. En un primer momento debieron ofrecerle al Rey una cuantiosa suma de dinero para que permitiera la existencia de las Reducciones.

Pero también tenían muy organizada la vida religiosa, con ceremonias alegres a la usanza de los mismos indios, sus celebraciones dominicales, su vida sacramental. Procuraban la difusión de los valores evangélicos, pero sin imposiciones.

Educación en las reducciones

Ningún proyecto de desarrollo social puede considerarse sustentable sin un fuerte ingrediente educativo. Uno se podría  preguntar ¿Por qué los Jesuitas no pusieron sus colegios en las reducciones? Al responder en primer lugar hay que recordar que los indios provenían de situaciones con total ausencia de formación sistemática o referencia a la cultura europea. Esto indica la imposibilidad de poder colocar sus colegios en las mismas reducciones, si bien contaran con el apoyo de los colegios para los españoles en Córdoba,

Santa Fe y Asunción, que influían ciertamente en las misiones. Pero en las reducciones  ciertamente los jesuitas se ocupaban de la capacitación de los indios. Prueba de ello es que después de la dispersión, muchos de los artesanos de las reducciones emigraron a las ciudades cercanas y allí trabajaron exitosamente.

A los niños se les enseñaba el catecismo, todos los días asistían a la Santa Misa, se les servía un desayuno y luego eran llevados a realizar trabajos conforme a la edad. Con decir que se organizaban orquestas, con instrumentos fabricados por ellos mismos para producir música barroca – de la época. La construcción de viviendas e iglesias monumentales, la urbanización de las reducciones, todo ello constituya un proceso educativo. Con todo, hay que reconocer que el proceso quedó trunco.

Nadie sabe cómo hubieran evolucionado las reducciones. Pero ya que los jesuitas venían organizando universidades desde Santo Domingo hasta Córdoba hubiera sido probable que una próxima universidad se ubicara en la Candelaria – capital de las Reducciones. (Muchos años después allí se fundó la Universidad Católica de Misiones).

El final de las reducciones

Después de la guerra provocada por el Tratado de Madrid de 1750, vino en 1768 la  orden del rey Carlos III para expulsar a los Jesuitas de todos sus territorios.

Esta orden obedece a diversos factores, en primer lugar dentro de Europa, pero también algunos que surgieron en América Latina. Entre estos cabe destacar que los poderes europeos no toleraban ningún tipo de expresión fuera de sus intereses económicos propios en las colonias. Con ello destruyeron la obra de las Reducciones y facilitaron el suministro de trabajadores indios para el estado y para los pueblos de los españoles.

Pero las Reducciones no se disolvieron inmediatamente. Los jesuitas fueron reemplazados con nuevos directores seculares que no tenían ni los ideales ni la capacitación  de los jesuitas. Los más afortunados entre los guaraníes retornaron a la selva o emigraron a Buenos Aires y otras ciudades donde se sirvieron de su capacitación como artesanos que habían aprendido en las Reducciones. Lo cierto es que hubo una rápida disminución de la población en las mismas Reducciones.

En cuanto a la planta física, las tropas del general brasileño Chagas y el dictador paraguayo Francia causaron graves daños a los edificios. El golpe de gracia vino por el sucesor de Francia, Carlos López cuando este destruyó las comunidades para quedarse con sus tierras.

El retorno al Paraguay

En 1928, a pedido del Monseñor Sinforiano Bogarín volvimos a establecernos en Asunción y en el Departamento de Misiones, para seguir construyendo con los paraguayos el sueño de un país mejor.

Los jesuitas desarrollaron actividad artística encaminada a la erección y al ornato de sus templos, a la solemnidad y al brillo de las ceremonias religiosas y a amenizar las horas de trabajo y de descanso, y estimularon su cultivo por los indios. Hubo, así, entre ellos, arquitectos, canteros, escultores, imagineros, pintores y músicos, además de los grabadores, a dos de los cuales —Juan Yapan y Tomás Tilcara.


EL ARTE JESUÍTICO
LA PINTURA Y LA ARQUITECTURA.
La mayor parte de los templos de origen jesuítico ha perecido por la acción del tiempo y por accidentes, y otros han sido gravemente despojados por coleccionistas y anticuarios del Río de la Plata. Sin embargo, subsiste lo necesario como para tener una idea aproximada de su magnitud e importancia artística, especialmente si se consideran además las descripciones de la época.
Dichos edificios eran generalmente construidos sobre estructuras de horcones de urundey, con paredes de adobe, vigas de lapacho tirantes de palmas y techumbre de tejas. A veces, en lugar de adobe, se usaba piedra sin mortero Al costado, solía haber un campanario montado sobre un armazón de postes y vigas descubiertos, que en su parte superior tenía….una plataforma techada. Puertas, y rejas, artesanados y retablos eran de madera labrada y tallada. Las iglesias de San Ignacio-Guazá y de Santa Maria, destruidas a fines del siglo XVIII y sustituidas en los primeros años del XIX por otras que también ya han desaparecido, y la Santa Rosa, consumida por un incendio en 1883, de la cual se conservan solamente un campanario de piedra y un baptisterio o capilla que ha sufrido reformas, constituían muestras del referido estilo. Lo mismo cabe decir de la de San Cosme y Damián, parte de la cual aún existe.

A mediados del siglo XVIII, los jesuitas acometieron la construcción de templos monumentales, cambiando los horcones y el adobe por recios muros de piedra labrada con pilastras, aberturas y hornacinas esculpidas. En 1767, al producirse su expulsión de los dominios españoles, dejaron inconclusos los de Jesús de Trinidad, que todavía hoy, pese a la acción de la naturaleza y a las depredaciones de los hombres, maravillan al viajero. De la gran iglesia que en ese momento tenían en obra en Asunción, no subsiste el menor rastro.

Los PP. Peragrassa. Ribera, Sepp y otros, y los hermanos Prímoli Brasanelli, Harls y decenas más, actuaran de arquitectos, maestros de obras, tallistas y cantero y formaran hábiles.

El mismo P. Antonio Sepp y Luís Verger han dejado cuadros de motivo religioso que extraídos de los pueblos del Paraguay, se exhiben hoy en museos y colecciones del exterior. Hubo también pintores indígenas, formados por tales maestros, que se destacaron especialmente en la, talla en madera, produciendo imágenes policromadas de gran belleza y valor.

En San Ignacio se ha ordenado un modesto museo de tallas, y en Santa Rosa, hasta hace pocos años, era grande la riqueza en imágenes.


ARQUITECTURA E IMAGINERIA NO JESUITICAS.

En nuestro país, con frecuencia pretende verse arte jesuítico en todos los vestigios coloniales de valar estético. Ello constituye un manifiesto error, ya que mucho de lo referido debe atribuirse a los franciscanos o al clero secular y aun a artistas y, artesanos seglares, traídos a veces del exterior para su ejecución.

Las manifestaciones mejor conservadas de la arquitectura no jesuítica son los templos de Yaguarón y de Capiatá.

La magnífica iglesia de Yaguarón el más imponente y completo de los edificios coloniales que se mantiene en pié, fue construida entre 1755 y 1772, merced a la abnegación y al esfuerzo sostenido del Dr. Carlos Penayos de Castro, sacerdote paraguayo de notable ilustración y de esclarecida ascendencia, que ejerció dicho curato por espacio de casi cuarenta años. Constituye la más perfecta manifestación del arte barroco en el Paraguay. La imaginería y el retablo del altar mayor, notables por su belleza y nobles proporciones son obras de un tallista portugués. José de Sosa Cavadas, contratado en Buenos Aires para el efecto. Para algunos altares adosados a los muros de los costados, es posible que se hayan aprovechado elementos del templo anterior, que era de fines del siglo XVI o de comienzos del XVII. Según parece, los altares de las dos naves laterales fueron llevados, hacia 1850, a la entonces nueva iglesia parroquial de Santísima Trinidad, sin que dicha sustitución reste imponencia al conjunto. La sacristía también con un interesante artesonado de falsa bóveda y con pinturas de la época de su construcción es de gran valor artístico. No menos notable resulta el púlpito, ubicado en la nave principal. Igual concepto merece el presbiterio del altar mayor.

El templo de Capiatá, más pequeño y con su imaginería y tesoro bastante disminuidos, es de la misma época y de similar escuela. Se supone que el maestro Sosa Cavadas trabajó también aquí. La parte exterior del edilicio ha sido objeto de reformas, El retablo del altar mayor de la iglesia parroquial de Valenzuela, claramente barroco y del siglo XVIII, costeado por el P. Antonio Fernández de Valenzuela, acusa la influencia de Sosa Cavadas.

Reviste similar interés, pese a las censurables alteraciones introducidas en su crucero, la iglesia parroquial de Píribebuy.

Del arte franciscano, se conservó casi intacto hasta la última década el templo de Caazapá, y en el de Itá, que es del siglo XIX, se han utilizado el retablo, las imágenes, algunas alertas las rejas del edificio franciscano de 1698.

En otras iglesias campesinas, pueden percibirse vestigios coloniales en rejas, puertas talladas, fragmentos de retablos o imágenes, o como en el caso del templo de Ypané los tenían hasta hace pocos años.


LA MUSICA RELIGIOSA.

Desde 1609, cuando los PP. Masseta y Caraldino se internaron en las selvas del Guairá, los misioneros jesuitas tuvieron instrucciones de estimular el cultivo de la música y el canto por los indios, debiendo proporcionarles los instrumentos de más fácil fabricación. Afirmadas las reducciones, para mediados del siglo XVII cada pueblo tenía su coro y su banda, a los neófitos disponían de arpas, violines, flautas, chirimías y otros instrumentos de cuerdas, de viento y de percusión. Además de Europa partituras de música religiosa. Igualmente bajo la dirección de los religiosos, se dio impulso al canto y a la danza simbólica do figuras.

Maestros jesuitas y oficiales y aprendices indios fabricaron instrumentos similares a los europeos: no solamente arpas, liras y violines, sino que también órganos y clavicordios, para servicio del culto y para solaz en las horas de trabajo y de descanso.

Cuenta el P. Furlong, que al procederse a inventario de los bienes dejados por los jesuitas expulsados, en 1767 en un solo pueblo se anotaron cuatro arpas grandes, seis rabeles (violines), dos rabelones, una espineta, dos violas, dos bajones grandes, cuatro bajones menores, diez chirimías, un fagotillo, dos cornetas, cuatro flautas, cuatro clarines y un órgano, y en otro, tres arpas, cuatro bajones, dos violines, un fagot, dos liras, dos flautas, dos cornetas y cincuenta y tres partituras Boettner reproduce otra reseña de similar contenido. Aun cuando no se alcanzó tal existencia en todas las reducciones las listas antecedentes resultan muy ilustrativas.

El P. Juan Vaseo, belga, que había sido músico de la corte imperial, actuó en los primeros años de las reducciones como maestro de religiosos e indios. Otros jesuitas se sucedieron en la formación de coros y bandas, y hasta de compositores.

Así tenemos noticia de un Julián Atirau, indio, autor de un minueto para dúo.

Tanto en las reducciones jesuíticas, como en el resto del Paraguay, se usaban el peteke, el mimby (flauta indígena), el gualambau, la guitarra, al rabel, el arpa y otros instrumentos para música profana.

Fuera de las reducciones jesuíticas, tuvo también general difusión la música religiosa. El primer coro asunceño, anterior a la fundación de la diócesis, lo organizó en 1539 el sacerdote portugués Francisco de Andrada. Lo integraban el P. Juan de Coto, más tarde primer cura de la Villa Rica, los seglares Antonio Ramos y Antonio Romero y los portugueses Juan de Jara y Gregorio de Acosta, poeta y autor teatral este último, los cuales debían desempeñarse de músicos y cantores. Erigida la Catedral, el servicio del coro quedó a cargo de sus dignidades y canónigos, y el templo llegó a contar con un órgano.

En los conventos de las diversas órdenes, se organizaron sus correspondientes coros y conjuntos musicales.

En los pueblos de indios, los hubo igualmente, así como bandas regularmente provistas de instrumentos. Juan Francisco Aguirre, culto marino español que recorrió gran parte del país a fines del siglo XVIII, menciona a varios de esos conjuntos musicales, entre los cuales, en esa época, gozaba de especial celebridad el de Yaguarón. Músicos y cantores, además de participar de las solemnidades del culto, contribuirían al solaz de la población en los frecuentes festejos “patronales” y saraos que rompían la monotonía de la vida colonial Ya, entonces, la guitarra y el arpa formaban partes del menaje del campesino paraguayo.

Medios de Comunicación

Los Jesuitas del Paraguay contamos con medios de comunicación para transmitir lo que hacemos en nuestras obras y buscando incidir en la sociedad a través de la reflexión y el análisis.

ACCIÓN Revista

Revista paraguaya de reflexión y diálogo, fundada en mayo de 1923 por el Monseñor Aníbal Mena Porta.  Editada por el CEPAG -Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guash- dedicado a la investigación y acción social inspirado en la misión de los Jesuitas: proponer en medio de la cultura y la sociedad en la que vivimos, la fe cristiana y la lucha por la justicia en un diálogo abierto a todos y todas.


  MERCEDARIOS.

La orden de la Merced, que en la España medieval se ‘había consagrado a la redención de los cristianos cautivos de los musulmanes, también tuvo su casa, el Convento Grande de San José, con Iglesia aneja, en Asunción. Los mercedarios no se dedicaban de preferencia a la conversión de los indios, pero asistían a gran número de negros, mulatos y zambos, descendientes de sus esclavos y de indios dándoles por los gobernadores Ramírez de Velasco y Hernandarias. Dichos pardos habitaban en la ranchería que rodeaba al convento en una chacra a tres leguas de la ciudad y en su mayor parte, en a hacienda que la orden poseía en el valle de Areguá, donde una capilla servía las necesidades del culto.

Los frailes de la Merced impartían enseñanza de las primeras letras y asistían espiritualmente a las principales familias criollas, las cuales mostraban, notable preferencia por ser sepultadas en templo.

Uno, de los más meritorios Obispos del siglo XVII, Fray Faustino de Casas, fallecido en Asunción en 1686, era mercedario y legó su escaso patrimonio para la terminación de la Catedral.

Otro religioso de esta orden, digno de recordación, fue el asunceno Fray Miguel de Vargas Machuca, que tuvo a su cargo la defensa doctrinaria de la revolución comunera, en un manifiesto aparecido en 1732, que lo convirtió en el ideólogo de ese movimiento popular. Murió exilado en Corrientes. El Comendador de ese tiempo, Fray Tomás de Vallejo Villasanti, también se mostró favorable a los comuneros.

Entre los criollos que adquirieron importancia en la orden, debe mencionarse a los PP. Juan Jacques de Aranda, en el siglo XVII, y Juan y José de Yegros y Guzmán, a comienzos del XVIII. Estos últimos eran hijos de O. Diego de Yegros y de Doña Ana Riquelme de Guzmán, que hablan beneficiado al convento con cuantiosos y frecuentes donativos.

Los PP. Manuel Tadeo de la O e Hilario, Gómez respectivamente Comendador y Regente de estudios, formaron parte del Congreso Nacional de 1811, y el segundo de ellos, ya entonces elevado a Comendador, cedió la casa de su orden para que se reuniera en ella el Congreso de 1813, que proclamó la República.






               
    SALESIANOS

La presencia salesiana en el Paraguay se remonta a 1896 cuando los primeros cuatro salesianos vienen a quedarse definitivamente en nuestro país, dependiendo primero de la Inspectoría “San José” del Uruguay (1896 a 1946) y luego de la Inspectoría “Nuestra Señora del Rosario” del Norte Argentino (1946 a 1954).

"Hacía mucho tiempo que un anhelo, tímido al principio, urgente al fin, se había anidado en el corazón de los salesianos del Paraguay: la creación de una Inspectoría paraguaya" narraba una crónica de la época. Era una aspiración creciente y natural en toda mayoría de edad. La visita de Don Modesto Bellido de Italia, en mayo de 1953 aumentó las aspiraciones de autonomía. Insistentes voces “oficiosas” llegaban como anticipo de que la Inspectoría del Paraguay era un hecho.

Los Salesianos y sus huellas en la Región Occidental de nuestro país

A pocos años de la terminación de la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, reina la más triste pobreza en este territorio devastado. La juventud totalmente desvalida y sin trabajo. La Iglesia católica sin obispo (el último había sido fusilado).

El doctor Matías Alonso Criado, cónsul honorario del Paraguay en Montevideo, gran propulsor de la venida de los salesianos, escribe sobre la situación socioeconómica de entonces: “Siempre llamó mi atención y fue objeto constante de mis estudios e investigaciones la desgraciada condición de los indios del chaco, y el abandono de una parte de la juventud en la Asunción y pueblos de la República, donde vegeta aquella en los vicios y en la más completa ignorancia.

Estoy convencido por mis viajes al Chaco y a las principales poblaciones del Paraguay, que existen allí condiciones de mansedumbre en los indígenas y actitudes de natural talento en nuestra juventud abandonada, capaces de regenerarlos y hacerles útiles en la escuela del trabajo.   Es obra de humanidad incorporar esos elementos a la civilización, asegurando así el bienestar y progreso del Paraguay”.

El gobierno nacional envió a Roma una misión oficial para solucionar la vacancia episcopal. El Papa Pío IX envió a Asunción como delegado apostólico al Obispo Ángel di Pietro quien permaneció dos años en Paraguay para conocer bien la situación del país y de la desmantelada Iglesia; pidió ayuda al Papa. En Roma el cardenal
Nina pide a Don Bosco que envié a sus misioneros “al lejano y necesitado Paraguay”.

El 28 de diciembre de  1878, la Santa Sede, por intermedio del Cardenal Nina, pide a Don Bosco que envíe a sus misioneros al Paraguay, como había solicitado a Roma el Delegado Apostólico Extraordinario, Mons. Ángelo Di Prieto desde Asunción.

En 1879, tras la reiteración del Cardenal, Don Bosco contesta que estaban por ir al Paraguay dos sacerdotes, y que luego vendrían los demás, lastimosamente esto no pudo ser, debido a la escasez del personal de Buenos Aires. Un año después, Don Bosco insiste acerca del envío de misioneros desde Buenos Aires para el Paraguay, pero tampoco lo consigue.

El 7 de junio del año 1894, el Monseñor Lasagna, yendo a Mato Grosso, visita Concepción y por primera vez, ve a los indígenas chaqueños, rodeando el barco. Se interesa y pregunta de ellos. Les saca fotos, reparte medallas y dinero, etc. El Monseñor se interesa por los indígenas y el 29 de junio, el presidente de la Rca. Juan Egusquiza promete a Lasagna su apoyo para el establecimiento de las Misiones. Al año siguiente se produce el deceso del Monseñor Lasagna.

En septiembre de1896, El Padre Turricia, el Padre Queirolo, Foglia, tres amigos y un teniente, realizan la primera expedición de los SDB al Chaco. Es allí donde nace el otro objetivo de la venida de los SDB: Las Misiones.

Los SDB fueron conociendo la terrible situación de los indígenas en el Chaco paraguayo.

Viendo las opciones preferenciales de los salesianos, el entonces Mons. Juan Sinforiano Bogarín, único Obispo del Paraguay, encomendó a los hijos de Don Bosco toda la porción de su diócesis al Oeste de río Paraguay, región hasta entonces de límites imprecisos. Corría el año 1917. El Padre Emilio Sosa Gaona, luego primer Obispo de Concepción y Chaco, establece con un grupo de salesianos, la primera comunidad en Fuerte Olimpo y desde allí trató por todos los medios de penetrar el interior chaqueño, el “centro” en lenguaje local, lo que resultó una misión imposible para él. En esos intentos estuvo a punto de perder la vida en las cercanías de lo que hoy es Toro Pampa, por falta de agua durante las largas sequías y charcos fangosos intransitables durante período de lluvia.

Entonces, los Salesianos y las Hijas de María Auxiliadora se establecieron en la ribera del Río Paraguay para atender a los paraguayos que en número creciente acudían a Pinasco, Casado, Sastre y Guaraní, en busca de trabajo.

Así pudieron contactar con los indígenas que, por los mismos motivos, acudían a los obrajes y puertos tanineros.

Cuando, finalmente, en 1948, la Sede Apostólica creó el Vicariato Apostólico del Chaco Paraguayo, su primer Obispo, el uruguayo Mons. Ángel Muzzolón, organizó su extensa jurisdicción, constituyéndola en Parroquias desde el extremo Norte, Bahía Negra, hasta el extremo sur, Puerto Pinasco. Por allí distribuyó su personal salesiano y él mismo visitaba de punta a punta con su legendaria lancha “Santa María”.

El celoso apóstol no descansó hasta dotar a su Vicariato de una magnífica catedral, orgullo de Fuerte Olimpo y de todo el Chaco paraguayo, en homenaje a María Auxiliadora.

En los inicios del Obispado de Mons. Obelar se avizoran grandes crisis cuyas consecuencias hasta hoy perduran. Quiebran una tras otra las grandes fábricas de tanino. Inusuales crecidas del río hacen estragos en las poblaciones ribereñas y amenazan arrasar con la ganadería, única riqueza segura del Chaco. Mucha gente emigra hacia zonas más seguras de la Región Oriental o hacia la vecina República del Brasil. La población disminuye a menos de la mitad.

Entonces el Buen Pastor que era Mons. Obelar, tiende la mirada hacia el “centro” e intuye que el futuro del Chaco está en el interior. El mismo tiene que recorrer, con medios precarios, su extenso territorio, casi 150.000 km2. Da preferencia a la pastoral de las estancias y de los obrajes. Pugna denodadamente para que los indígenas asentados precariamente sobre la ribera vuelvan a sus asentamientos originales tierra adentro. Esto ocasiona la lucha por la tierra, todavía vigente.

Para ellos y los hijos de los empleados de estancias y obrajes, funda en 1986 la escuela internado de “Ñu Apu’a”, que hoy lleva su nombre.

inspectores

P. Walter Jara (2006 - )


Nació en San Rafael (Prov. de Mendoza – Argentina) el 23 de agosto de 1956. Siendo niño y adolescente frecuentó el Oratorio y Centro Juvenil Salesiano de San Rafael. En 1975 ingresó al Noviciado en Manucho (Santa Fe), realizando la primera profesión religiosa el 31 de Enero de 1976. Obtuvo el título civil de profesor en Filosofía y Ciencias de la Educación con especialización en pastoral juvenil. Hizo la profesión perpetua en Córdoba el 24 de Enero de 1982. Cursó los estudios de Teología en el Seminario mayor de la Arquidiócesis de Córdoba. Fue ordenado sacerdote en San Rafael el 30 de Diciembre de 1984.

Trabajó pastoralmente primero como consejero escolar y desde 1987 a 1991 como Director en el Colegio y Prenoviciado “Domingo Savio en Córdoba”. Desde 1992 fue vicario inspectorial y delegado de pastoral juvenil en la Inspectoría “San Francisco Solano” de Córdoba (Argentina). En Agosto de 1997 inició su ministerio como inspector de esa Inspectoría, concluyéndolo en Agosto de 2003. Participó en los Capítulos Generales 23 y 25. Desde Enero de 2004 se venía desempeñando como Director y Ecónomo de la Escuela Agrotécnica Salesiana de San Ambrosio (Río Cuarto en la Provincia de Córdoba.


P. Miguel Ángel Cardozo (2000 - 2006)         

Segundo Inspector paraguayo. Formado en teología, pastoral juvenil y medios de comunicación en Roma. Fue Vicario Inspectorial y luego inspector. Se distinguió por sus actividades en la organización de numerosos grupos en el campo juvenil, estudiantil y artístico. Rodeado de consejeros jóvenes, dió un gran impulso al Movimiento Juvenil Salesiano (MJS) en sus siete asociaciones, a los frecuentes encuentros de dichos grupos y así como los de la Familia Salesiana.Proyectó y realizó el gran Instituto Superior Salesiano de Estudios Filosóficos (ISSEF).

P. Cristóbal López (1994-200     

Anteriormente encargado de la pastoral juvenil, ex director de Radio Cáritas, ex coordinador general de la Visita del Papa Juan Pablo II al Paraguay. Gran activista del Boletín Salesiano y Don Bosco Film. Ex Presidente de la Asociación de Comunicadores Católicos del Paraguay. Fue de extraordinaria actividad en los campos arriba mencionados.

Muy dedicado al seguimiento vocacional de jóvenes salesianos (fue el inspector que le tocó mayor cantidad de sacerdotes ordenados durante su período). Celebró con empuje y planificación el “Primer Centenario Salesiano en Paraguay”.

En tal ocasión recibió la visita del Rector Mayor D. Vecchi. Planificó la publicación de 15 tomos sobre historia salesiana del Centenario en Paraguay. Se dedicó a la animación de laicos, “proyectos orgánicos” y a la prensa divulgativa de asuntos salesianos.

Presidió el extraordinario Congreso Latinoamericano (CONGRELAT 95) Fue al CG XXIV junto con el P. Rufino Galeano como delegado. Dirigió los capítulos inspectoriales de 1995 y 1998.

P. Ascensio Zabala (1988-1994 )
     

Venido al Paraguay en tiempo del P. Reyes, sobresalió por su dedicación a las tareas escolares y a la construcción de varias estructuras edilicias. Propició la atención a los grupos de cooperadores, docentes y colaboradores con provechosos encuentros.

Sostuvo el soporte económico bien organizado Participo del CG XXIII en 1990 junto con el P. Bienvenido Maciel como delegado.Dirigió los Capítulos Inspectoriales de 1988 y 1992, sobre la colaboración entre salesianos y laicos.


P. Zacarías Ortiz (1985-1988)
     
Fue el primer Inspector Paraguayo, muy bien recibido por todos. Con gran experiencia pastoral, que continúo entre adultos y jóvenes mayores. Logró tras larga puja, que se volviera a hacer el filosofado dentro de la Inspectoría.

Propagó la devoción a María Auxiliadora y los grupos juveniles. Tras el Capítulo Inspectorial de 1986, proyectó y logró que se realizara la significativa obra de “Don Bosco Róga”, apoyada y recibida por todo el pueblo. Se interrumpió su inspectorado con la promoción a Obispo del Vicariato del Chaco Paraguayo, donde sobresalen sus obras misioneras, sus frecuentesgiras apostólicas y la catequesis familiar que ha difundido.


P. Carlos Giacomuzzi (1979-1985)
Vino como joven misionero acólito al Paraguay en 1956. Inteligente, activo, práctico, profesor de la Universidad Católica (UC)

Extendió el nivel de la catequesis, a través del ICA. Hacía buscar vocaciones, partiendo de una fuerte pastoral juvenil, asociaciones juveniles y pascual juvenil. Insistió en los estudios de los formandos. Práctico constructor en varias casas (Domingo Savio, Concepción, Salesianito, Bethania). Promovió el Postulantado y el Prenoviciado para mejorar la preparación de los candidatos. Participó en el CG de 1984 junto al P. Zacarías Ortiz como delegado.Dirigio los Capítulos Inspectoriales de 1980 y 1983. Paso como Inspector de Perú-Bolivia.


P. Víctor Reyes (1973-1979)

         
Llevó adelante una pastoral muy activa entre los jóvenes de todos los ambientes salesianos y en los diversos grupos de la Familia Salesiana. Lucho por la recuperación de la crisis vocacional, partiendo de la Pastoral Juvenil, fortificando el Aspirantado, y creando el Postulantado antes del Noviciado. Gran animador de grupos de laicos y de jóvenes comprometidos. Fundó juntos al P. Gaddi y al P. Santecchia el Instituto Catequístico Arquidiocesano (ICA) Comenzó las “Pascuas Juveniles”. Férvida devoción a María Auxiliadora y propulsor de la construcción del magnífico Templo-Santuario. Muy jovial y amable con los Salesianos. Fue al CG de 1977 con los Delegados P. Giacomuzzi y P. Zacarías Ortiz. Fue como Inspector a su tierra, el Uruguay.


P. Andrés Totti (1968-1974)   

Todo corazón, dinamismo y arranque decisional. Muy práctico y sincero con todos.

Organizado y eficaz con los recursos económicos. Consiguió becas para que 5 seminaristas paraguayos cursaran la Teología e Messina, Italia. Le tocó realizar dos grandes Capítulos Inspectoriales, uno 1969-1970, y otro en 1972. Fue al CG Especial de 1971.

Lideró grandes adelantes en la Escuela Técnica de Salesianito y las magnificas construcciones de “Carlos Pfannl”, junto al proyectista P. Cubilla. Recibió la visita del Rector Mayor D. Ricceri y de inspectores de 6 países de América.

Gozó con la celebración de los 75 años de los Salesianos en Paraguay y dinamizó las obras con empuje y eficacia. Fue muy activo, a pesar de su precaria salud. Pasó a la dirección de la Poliglota del Vaticano.


P. Juan Cristiano (1965-1968)
Estuvo poco más de dos años como Inspector. Vino de Buenos Aires. Ganó el cariño y aprecio de mucha gente por su cordialidad. Se metió de lleno en las obras ya emprendidas. Privilegiaba la dirección espiritual personalizada. Apoyó las amplias actividades referentes a las casas de formación.

P. Salvador de Bonis (1959-1965)

Llega en Febrero de 1959, joven y sumamente dinámico Se dedicó a todas las obras existentes perfeccionándolas. De gran visión de futuro, y amigo de las mayores autoridades nacionales y eclesiásticas. Sus mayores obras edilicias fueron: la remodelación del Aspirantado y la construcción del imponente edificio del noviciado-filosofado, las dos en Ypacaraí.


Igualmente en todas las casas había construcciones (Salesianito, Oviedo, Minga, Concepción). Aumentó el número de destinatarios de la misión, hubo clima de optimismo y crecimiento de las vocaciones.
Asistió al CG XIX con el P. Rogelio Duarte como Delegado.
Recibió la visita de dos Rectores Mayores. Don Ziggiotti (1960) y Don Ricceri(1965).Fue como inspector a San Pablo, Brasil.









P. Pedro Garnero (1954-1959)

          Dio nuevos impulsos a la obra salesiana de Paraguay, que tomaba fisonomía propia y dependía directamente del capítulo superior de Turín. Permite la fundación de la Escuela Agrícola Ganadera “Carlos Pfannl” de Coronel Oviedo. Se acepta el cuidado de la Escuela San Antonio. Se inicia el Oratorio de San Vicente. El Oratorio festivo de Mons. Lasagna pasa a su local propio de San Luis (“una de las mejores obras salesianas”) Asiste al CG XVIII en Turín, con el Delegado P. Pérez. Muy devoto de María Auxiliadora, Oratorios Festivos, Misiones del Chaco, Vocaciones. Siguió como Inspector de Perú-Bolivia.

La erección o fundación canónica

La Sagrada Congregación de Religiosos de Roma, con decreto Nº 1788, del 27 de Agosto de 1954, había concedido el permiso de fundación a pedido de los superiores de Turín. Así, el Rdmo. Rector Mayor de los Salesianos, Don Renato Ziggiotti, con decreto del 8 de septiembre de 1954, erigía la nueva inspectoría paraguaya, con el título “Nuestra Señora de la Asunción”.

El P. Pedro Garnero, por esa época superior de la Inspectoría “Nuestra Señora del Rosario”, que comprendía el norte argentino y el Paraguay, asumía la animación de la nueva Inspectoría. Entonces, existían 7 colegios y 7 residencias salesianas (Monseñor Lasagna, Concepción, Salesianito, Ypacaraí, Domingo Savio, Villarrica y Coronel Oviedo); 7 centros de misión el Chaco (Pinasco, Casado, Sastre, Olimpo, Guaraní, Bahía Negra y Colonia Peralta).Los salesianos paraguayos  y extranjero sumaban 80: 2 obispos, 48 sacerdotes, 21 clérigos y 9 coadjutores. De ellos 60 eran paraguayos. El número de aspirantes en Ypacaraí y Vignaud, y el de los novicios ya alentaban la seguridad de que numerosas fuerzas vigorizarían la potencia futura de la Obra de Don Bosco en Paraguay.


El primer Consejo fue así constituido: Ecónomo: P. Arnaldo Lévera; Consejeros: P. Horacio Jovine y P. Alejo Ovelar; y Secretario: P. Ismael Rolón.





                    
JERÓNIMOS

En la expedición de D. Pedro de Mendoza por el Rio de la Plata en 1536, habían viajado dos mercenarios, Fray Juan de Salazar y Fray Juan de  Almazán y cuatro frailes jerónimos, órden esta última que no llegó a fundar convento en el PARAGUAY-


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Los franciscanos fueron entre las órdenes religiosas los que más gran influencia ejercieron en la vida política y cultural de nuestro país. En la evangelización del Indio, los franciscanos se distinguieron desde los albores de la conquista, y hasta la exclaustración de sus religiosos, dispuesta por el dictador Francia en 1824, persistieron en dicha tarea.

Los dominicos, junto con el compromiso de la formación de postulantes y frailes estudiantes (Filosofía), alcanza a diferentes ámbitos: la atención a parroquias y a escuelas,  la atención social y pastoral y la enseñanza en centros universitarios. También la inserción en el medio rural, el trabajo se hace en corresponsabilidad con los frailes que se han comprometido.

Enrolados en una orden militante y en plena expansión, los religiosos de la Compañía de Jesús tuvieron gran influencia en el desenvolvimiento cultural del Paraguay.

Tomaron ellos gran interés en el estudio y aprendizaje de las lenguas indígenas, fueron los jesuitas quienes sistematizaron el guaraní, ordenando las reglas gramaticales que hasta hoy se aceptan y elaborando los primeros vocabularios.

La Obra de Don Bosco se inició en el Paraguay a fines del siglo XIX con la llegada de los cuatro primeros Salesianos el 23 de julio de 1896, procedentes de Montevideo, Uruguay. Inmediatamente los Salesianos pusieron en funcionamiento la primera obra. En marzo de 1897 el Padre Ambrosio Turricia inicia la escuela de artes y oficios. Con algunos percances en los primeros años, desde entonces funciona el Colegio Monseñor Lasagna, casa madre de los Salesianos en el Paraguay. La orden de Predicadores, más conocida como dominicos por su fundador Santo Domingo de Guzmán, fue la última en fundar convento en el Paraguay colonial. Recién en 1621 y en compañía del obispo dominico fray Tomás de Torres llegaron "algunos religiosos, entre ellos el principal fray Lorenso (Durán) por expresa solicitud de la Asunción".

Estas órdenes, sumadas al clero secular, sostuvieron iglesias, escuelas y reducciones, para la difusión de su fe y de las nociones elementales del saber de su tiempo. Sus religiosos se incorporaron a la vida paraguaya y en todas ellas fue grande la proporción de profesos criollos y mestizos, que alcanzaron las más altas jerarquías en las respectivas organizaciones locales.

Las dos figuras de mayor relieve de la difusión del cristianismo entre los indios del Paraguay fueron el andaluz Fray Luís Bolaños (1550-1629), franciscano, y el P. Roque González de Santa Cruz, jesuita- paraguayo, martirizado por los indios de Caaró en 1628.

Estas órdenes religiosas contribuyeron y siguen contribuyendo grandemente al desarrollo de la vida religiosa y cultural de nuestro país.


 SUMANDO CONOCIMIENTOS
* Fray Fernando Caballero, franciscano español, fue uno de los patriotas que actuó en los sucesos de la Independencia nacional.
* Los jesuitas fueron los que instalaron en las Misiones la primera imprenta del Río de la Plata.
* El nombre de los Mercedarios proviene de `'Orden de Nuestra Señora de la Merced''.
* En el año 1621 llegan frailes dominicos que fundan el convento de Santa Catalina Virgen y Mártir.






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